Desarrollo social, en el suelo // América Latina, estancada // Rumbo a otra década perdida
n la nueva temporada de “Atínale a la cifra”, en la cartomancia sobre el futuro económico y social de América Latina no podía faltar la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), aunque parece que si bien su bola de cristal está igual de destartalada que las del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), al menos vende menos humo que ese par de organismos “multilaterales” y refleja algunos daños sociales derivados de las políticas neoliberales que le han roto la crisma a los habitantes de esta región del planeta.
De entrada, la Cepal subraya que, de acuerdo con su más reciente análisis, “al ritmo de avance actual, la región sólo alcanzaría a cumplir 19 por ciento de las metas de la Agenda 2030 (Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS), progreso aún menor al estimado el año anterior, que fue de 23 por ciento. Por su parte, 42 por ciento de las metas avanzan en la dirección correcta, pero a un ritmo demasiado lento, y 39 por ciento se encuentran en situación de estancamiento o retroceso en comparación con 2015”.
En el FMI y el BM hacen sumas y restas, que de cualquier forma nunca cuadran, y justifican el “modelo” a seguir, pero dejan en un alejadísimo rincón del análisis, si en realidad alguna vez lo consideran, el brutal costo social de la política económica por ellos impuesta a los países subdesarrollados. En cambio, la Cepal fija la vista en esto último, aunque tampoco se anima a cuestionar el “método” de ese par de buitres financieros, pero sí advierte, informe tras informe, que América Latina y el Caribe a punto están de sumar otra década pérdida a sus de por sí famélicos haberes históricos. Y aunque sea de forma tímida, promueve el multilateralismo y la cooperación, en contrasentido del susodicho par.
En días pasados se llevó a cabo la novena reunión del Foro de los Países de América Latina y el Caribe sobre Desarrollo Sostenible, y entre las conclusiones destaca aquella relativa a que “en medio de una nueva era de incertidumbre y fragmentación geopolítica que plantea grandes dificultades para alcanzar los ODS, resulta fundamental fortalecer la acción multilateral, la cooperación regional y las alianzas internacionales, a fin de renovar el compromiso colectivo y acelerar los avances hacia el cumplimiento de la Agenda 2030”.
El secretario ejecutivo de la Cepal, José Manuel Salazar-Xirinachs, advirtió que en la región la tendencia de los indicadores de los ODS “no es favorable, lo que exige redoblar esfuerzos y fortalecer la cooperación regional e internacional para revertir el rezago y acelerar el avance hacia el logro de la agenda global; estas estimaciones más adversas obedecen tanto a los factores externos como a causas internas, entre las que se incluyen el deterioro de las capacidades institucionales, la falta de priorización de algunos objetivos y metas, las limitaciones de financiamiento y de margen fiscal, el peso de la deuda, y muy especialmente, el bajo nivel de crecimiento de varios países de la región”.
Si bien nada novedoso resulta, porque se repite una y otra vez sin lograr superar el “bache” social acumulado por décadas, es atendible, pues cada vez que se hace un resumen de los “avances” alcanzados, éstos no sólo son escasos, sino en proporción cada vez menor, con ganas de que, al ritmo que se lleva, en algún momento sean inexistentes. Ello, mientras los millones de latinoamericanos y caribeños ven cómo caen en picada sus indicadores de bienestar.
En el informe de referencia se destaca que “el complejo escenario internacional exacerba la trampa de baja capacidad para crecer que caracteriza a un número importante de países de América Latina y el Caribe, y manifiesta una disminución tendencial de la tasa de crecimiento a nivel agregado desde la crisis de la deuda (1981-1983). La tasa de crecimiento promedio de la región en el periodo 1951-1980 (antes de la crisis de la deuda) se situó en 5.6 por ciento anual, mientras la posterior a la crisis del débito (1984-2025) en 2.5 por ciento. A partir de 2000 se redujo a 2.3 y entre 2015 y 2025 cayó a 1.1”.
Y en ese lapso el monto de la deuda no ha dejado de crecer, al igual que el número de latinoamericanos, de tal suerte que nada rara sería una tercera década perdida para la región.
Las rebanadas del pastel
Mientras (fuck) Trump tiene sueños húmedos con la “apertura” del estrecho de Ormuz y suelta cualquier cantidad de estupideces, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, precisa: permanecerá operativo sólo mientras dure el alto el fuego (que incluye a Líbano) con Estados Unidos. Así de sencillo.
X: @cafevega











