l antecedente. “La verdadera improvisación está desapareciendo. Por desgracia, los que hacen la música y los que la interpretan están distanciados. El intérprete no compone, sólo toca, y el compositor, por lo general, no es un buen intérprete. Hay, además, una gran distancia entre el intérprete y su público, y si el intérprete no entiende a fondo cómo hacer la música, y si requiere siempre de material ajeno, nunca estará en comunicación directa con su audiencia. Creo que para que renazca la improvisación se requiere ante todo la voluntad de los músicos. Porque si los intérpretes siguen condicionados sólo a leer lo escrito en un papel pautado, serán simples reproductores del pensamiento ajeno y estarán viviendo una falsa ilusión de hacer música”.
Estas palabras me fueron dichas de viva voz por ese enorme músico que es Keith Jarrett (Allentown, Pensilvania, 1945) durante un extenso coloquio telefónico que sostuve con él hace casi 34 años, cuyo resultado se publicó en estas páginas los días 25 y 26 de noviembre de 1992.
Los hechos. El 24 de enero de 1975, al filo de la medianoche, Keith Jarrett salió al escenario del Teatro de Ópera de Colonia (Alemania), improbablemente lleno, para sentarse ante un piano menos que óptimo que estaba en condiciones tan precarias como su propio estado físico y mental. Procedió entonces a improvisar durante poco más de una hora y el resultado fue uno de los conciertos más memorables de la historia, de cualquier tipo, de cualquier género. El concierto fue un éxito monumental para el público asistente y, venturosamente, fue grabado por Martin Wieland. Después de muchas peripecias, esa grabación fue lanzada en un doble LP del sello ECM por el productor Manfred Eicher, y se convirtió en una leyenda instantánea y duradera.
El cine. En febrero de 2025, medio siglo después de aquella épica tocada, se estrena en la Berlinale el filme Köln 75 (conocido aquí como La chica de Colonia), dirigido por Ido Fluk, en el que el centro narrativo no es el concierto mismo, sino las extrañas andanzas (aventuras, casi) que condujeron finalmente y en contra de todas las probabilidades a la realización del concierto. Así, el personaje protagónico no es Jarrett, sino la muy joven promotora alemana Vera Brandes, quien lo arriesgó literalmente todo para que el músico se presentara en Colonia esa noche. El filme de Fluk traza el entorno y los antecedentes familiares y sociales de Brandes, así como su improbable ingreso al rudo mundo de la organización y producción de conciertos. De un modesto inicio promoviendo al trío de Ronnie Scott, Vera Brandes comienza a escalar hacia músicos de mayor presencia, hasta encontrarse con Jarrett y en las ligas mayores.
A partir de ahí, la cinta narra las demenciales peripecias y obstáculos que en todo momento conspiraron contra la realización del legendario concierto en Colonia, y en ese trayecto el director se da tiempo para posar su mirada y su cámara sobre algunos de los elementos (no siempre del todo éticos) que conforman el truculento y fascinante submundo de la producción musical. Se trata de un filme en general veloz y energético que fluye en buena medida gracias al carisma, vitalidad y buen desempeño de la joven actriz Mala Emde como Vera Brandes. Gracias a ella y al ritmo impuesto por Ido Fluk, este filme híbrido de biopic, drama, comedia, thriller y musical funciona bien en todos esos rubros y, sin ser nada del otro mundo, se convierte en una experiencia cinematográfica grata y entretenida.
Dato relevante, el hecho de que la película de Fluk no incluye una sola nota del Concierto de Colonia. Si fue una decisión creativa, la aplaudo, porque el tema de Köln 75 no es el concierto, sino sus enredados prolegómenos. Sin embargo, es más factible que el costo de los derechos de la música de Jarrett haya sido prohibitivo para la producción. En todo caso, sí es desconcertante la inclusión, en el último tramo del filme, del Preludio a la siesta de un fauno de Debussy, y el cover de Nina Simone a la legendaria canción To Love Somebody de los Bee Gees. Y para los desaforados de la trivia musical: la banda sonora del filme incluye algún fragmento de la portentosa ópera Lulu de Alban Berg, que se representó en la Ópera de Colonia en horas anteriores a la legendaria actuación de Keith Jarrett.











