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Tu colonia

Sus calles llevan nombres de los pioneros de la aeronáutica

Entre agua del río y la llave de los burros emergió la Aviación Civil

Los terrenos donde se erige eran parte de la hacienda Balbuena, que perteneció a la familia Braniff Ricard

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▲ El sitio está ligado al desarrollo aeroportuario y el llano fue testigo de varios accidentes de los primeros aviadores; hoy, ya urbanizado, lo es del arribo de miles de personas a las estaciones del Metro Pantitlán, Zaragoza y Puebla.Foto El Mundo Ilustrado y Roberto García Ortiz
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Periódico La Jornada
Domingo 19 de abril de 2026, p. 29

En los albores del siglo XX surgió la colonia Aviación Civil, en la alcaldía Venustiano Carranza, cuya historia está ligada a la antigua hacienda de Balbuena, en cuyos llanos se realizaron los primeros vuelos de aviones en la Ciudad de México.

Enclavada al oriente de la capital, sus calles abarcan alrededor de 30 hectáreas y llevan los nombres de pilotos, algunos de ellos iniciadores de la aviación civil en el país, como Miguel Lebrija, Juan Pablo Aldasoro y Alberto Braniff. Otros nombres son Alberto Santos Dumont, Carlos A. Lindbergh, Horacio Ruiz, Juan Guillermo Villasana, Simón Audenard y Rolando Garros.

De acuerdo con información del sitio electrónico de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, Braniff fue el hijo menor de la familia Braniff Ricard, dueños de la hacienda Balbuena.

Al norte la atraviesa Fuerza Aérea Mexicana –que la divide–, limita con la Terminal 2 del aeropuerto y la colonia Adolfo López Mateos; al sur, con la calzada Ignacio Zaragoza y la colonia Puebla; al oeste con la unidad habitacional Bahía y la colonia Cuatro Árboles; al este, con la Ampliación Aviación Civil, el canal de Río Churubusco, así como la estación del Metro Pantitlán.

Los llanos ocuparon la zona desecada del lago de Texcoco, relata Margarita Ríos, de 65 años, quien reside allí desde 1963, y señala que la iconografía y nombre de la estación del Metro, donde se unen cuatro líneas, “se formaba un remolino, por lo que se colocaban banderas para alertar a los ocupantes de lanchas a que no pasaran por ahí, por eso significa ‘entre banderas’”.

Sus padres, dedicados al comercio en el mercado de La Merced, optaron por dejar de rentar una vivienda en el centro de la capital y “compraron el terreno que les vendió José Farjat Kuri, dueño de un rancho –que luego fue el Bazar Zaragoza y ahora es un enorme condominio– del que nada más nos dividía una zanja en la que almacenaban agua que daban de beber a los caballos, vacas, borregos, gallos y gallinas y para el riego de la milpa”.

Los primeros habitantes de la colonia, dedicados al comercio, construyeron sus viviendas a flor de tierra, con paredes de tabique, techos de lámina de cartón y por algún tiempo permanecieron sin drenaje, luz y agua potable.

Cuenta que durante muchos años los pobladores se abastecieron de una sola toma, en la esquina que actualmente forman Simón Audenard y Alberto Salinas, conocida como la llave de los burros, porque los habitantes con mayores recursos acudían con los animales de carga para trasladar los recipientes o botes llenos a sus casas.

En tanto, quienes no tenían animales, como su familia, “cargábamos el agua con un palo o una especie de tronco al que le llamábamos aguantador”, porque se colocaba en cada uno de los extremos un bote, luego se cargaba sobre los hombros y por detrás de la cabeza.

El paso del tren emocionaba a los más pequeños

No se hacían largas filas en la llave de los burros porque “éramos muy pocos los habitantes; había una casa por aquí, otra por allá. Las calles no estaban llenas, como ahora”, lo que trae a su memoria el recuerdo del río Churubusco, a cielo abierto, y el paso del tren sobre lo que ahora es la calzada Zaragoza.

“Jugábamos a la pelota y gritábamos ‘¡ahí viene el tren!’, entonces corría junto con mis hermanos y nos subíamos al río para alcanzar a verlo”. Margarita asegura que difícilmente se borrarán los recuerdos de la transformación de la colonia.

“Fue muy impresionante ver cuando taparon el río porque encontraron muchas cosas, sacaron carros completos, cuerpos, cráneos, carretas y animales.”

Mario Quiroz Ríos, de 36 años e hijo de Margarita, considera que el oriente de la capital enfrenta históricamente rezagos; sin embargo, menciona que la colonia es más segura que hace varios años.

La construcción de la línea 5 del Metro separó a seis cuadras y posteriormente otras calles fueron nombradas como parte de la nueva colonia, la Ampliación Aviación Civil, en cuyo límite se ubica la casa de la señora Guadalupe Peláez, quien es recordada por los residentes como la secretaria de Jacobo Zabludovsky que por las noches, en televisión, durante el noticiero, preguntaba por cuál línea tomaba la llamada del entrevistado.

También es conocida por la forma llamativa en la que cada fin de año adorna el jardín de su casa por los festejos decembrinos.

En las calles aún prevalecen establecimientos antiguos, como el molino La Jaliscience, en el que las personas, particularmente adultos mayores, llevan a moler chiles para preparar mole o harina para tamales, y que tiene el nombre de una mujer originaria de Guadalajara, amiga de la diva María Félix.

Sin embargo, la zona también guarda luto, tristeza y clamor de justicia, porque está marcada por el feminicidio de Ariadna Fernanda, joven asesinada en calles de la alcaldía Cuauhtémoc y cuyo cuerpo fue hallado en la carretera a Cuernavaca.

Ella vivió en la casa ubicada en la esquina de Roberto Fierro y Luis Bleriot, en cuyas paredes hay un mural con su rostro y girasoles con la palabra “justicia” y la frase “el recuerdo de tu sonrisa es el mejor regalo que nos dejas”.