n las pláticas infantiles, suele brotar la pregunta ¿Que animal te gustaría ser? Nunca dudé en mi respuesta: un ave; sea pájaro, águila o un pato migratorio para viajar por muchos lugares y, lo más importante: ver el mundo desde el aire y la libertad total.
Esa primera parte ahora se nos concede con el cablebús; hace unas semanas tuve la oportunidad de hacer un recorrido en el de Iztapalapa, con la guía de Beatriz Ramírez, la cronista de la alcaldía y directora desde hace décadas del Archivo Histórico, así es que prácticamente nadie sabe más de la localidad de donde es originaria y por la que tiene amorosa devoción.
En varias ocasiones he escrito sobre esa demarcación que se refundó sobre una de las ciudades más antiguas de la cuenca de México.
En la época prehispánica fue uno de los señoríos, junto con Mexicalcingo, Culhuacán y Churubusco, que formaban el nauhtecutli, que significa cuatro señoríos unidos.
He hablado de sus antiguos templos, tradiciones, gastronomía y conventos, como el de Culhuacán, que sin duda es el más bello y bien conservado, y data del siglo XVI en la Ciudad de México, entre otras, por las notables pinturas que decoran gran parte de sus muros.
También hemos mencionado sus cifras impresionantes: Iztapalapa es la alcaldía más poblada de la capital del país, con un millón 835 mi 486 habitantes, compuesta por 48.4 por ciento de hombres y 51.6 de mujeres. Es más grande que la mayoría de muchas ciudades capital de México y del mundo.
Tiene varios cerros, comenzando por el famoso de la Estrella, donde se llevaba a cabo la ceremonia del Fuego Nuevo y actualmente ahí culmina la célebre representación de la Pasión de Cristo –hoy Patrimonio de la Humanidad–.
También tiene el Peñón Viejo o del Marqués y la Sierra de Santa Catarina, donde se encuentran los volcanes de San Nicolás Xiltepetl, Xoltepetl y el Cerro de la Caldera. Muchos de ellos se han poblado a lo largo del tiempo, lo que hace que en diversos barrios y colonias las casas estén casi colgadas de los cerros. Su acceso es dificultoso por calles angostas, escarpadas y con muchas escalinatas.
Ahora, eso lo ha solucionado el cablebús, inaugurado el 8 de agosto de 2021, reduce el tiempo de traslado de una hora 20 minutos a tan sólo 40 minutos; además, tiene conexión con las líneas 8 y A del Metro y próximamente con el Trolebús Elevado. Tiene una longitud de 10.6 kilómetros, lo que lo convierte en el más largo del mundo.
Al ver Iztapalapa desde el aire, las cifras cobran vida, la vista panorámica que brindan las amplias y bien cuidadas cabinas permite dimensionar la inmensidad y lo complejo de la vieja urbe prehispánica que hasta el siglo XX conservaba chinampas y hoy es una megalópolis. Otra novedad es que muchas azoteas lucen coloridos murales que retratan figuras icónicas de la localidad.
Nuestro recorrido comenzó en la terminal Quetzalcoatl, que ocupó el predio de un añejo mercado de ese nombre. La tecnología actual permitió que debajo de la terminal se reconstruyera un moderno mercado donde saboreamos unas enchiladas de mole en uno de sus varios locales de comida.
No quiero dejar de mencionar el esfuerzo de la señora Susana Becerra, locataria del lugar, quien con sus propios recursos instaló una pequeña biblioteca para el uso de los mercaderes y visitantes.
De ahí nos trasladamos a la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Iztapalapa, donde en un encuentro de especialistas se comentó la exposición Ensueño y revelación, de la pintora surrealista Brianda Zareth, quien ha retomado con su propia visión contemporánea esa corriente artística atemporal, –en la que, coincidentemente, han sido mujeres las que dejaron la huella más profunda–. Baste recordar a Leonora Carrington y Remedios Varo. De ésta última se acaba de inaugurar una exposición en el Museo de Arte Moderno (MAM).
La muestra se expuso en una luminosa galería de arte que tiene la UAM y que atrajo la atención de los alumnos, muchos de los cuales no conocían ese estilo artístico que les despertó gran interés.
Zareth plasma interpretaciones poéticas donde lo cotidiano se transforma en una realidad fantástica y onírica.
Su obra nos transmite un gran amor por la vida y curiosidad por la exploración de paisaje internos, sueños y otras realidades del subconsciente.
La artista ha llevado sus creaciones a una serie de prendas: mascadas, blusas, bolsas y zapatos de una gran belleza y originalidad. Las puede ver en la página que lleva su apellido.











