Producida por Incidente Teatro, La niña en el altar se presenta de miércoles a sábado en el recinto del CCB
Lunes 20 de abril de 2026, p. 5
En La niña en el altar, el encuentro entre Marina de Tavira y Alberto Estrella ocurre en una distancia que nunca se rompe, donde lo que no se dice pesa tanto como la palabra.
Desde ahí se delinea la relación entre Clitemnestra y Agamenón, eje del montaje que dirige Enrique Singer en el teatro El Galeón Abraham Oceransky del Centro Cultural del Bosque (CCB).
“La obra se construye como una acumulación de memoria, pérdida y poder que define cada momento”, explicó Singer en entrevista con La Jornada.
En esa línea, la pieza se concentra en lo que conduce a la tragedia y abre la relación entre los personajes, donde conviven la pasión, el dolor y una toma de conciencia sobre lo vivido.
A partir del mito de Ifigenia, la historia se articula en torno a una estructura que empuja a los personajes hacia sus decisiones.
“El conflicto no pertenece al pasado. El poder es capaz de sacrificar todo”, añadió el director.
Marina de Tavira construye a Clitemnestra como una figura en desplazamiento constante, sostenida en la palabra como un anclaje. “Hay que aferrarse a las palabras, habitarlas, dotarlas de sentido”, explicó.
En ese tránsito, la repetición deja de ser mecánica para volverse revelación. “Cada función es distinta; en la repetición de lo mismo aparece lo nuevo. Clitemnestra es la misma y es nueva cada vez. Pienso que su pozo es inagotable: sólo se alcanzan a alumbrar un poco los contornos de un dolor y una furia indecible”.
Alberto Estrella da forma a Agamenón como un personaje marcado por un desorden interno que no termina de acomodarse. “En él hay una guerra, un desorden interno, un caos”, comentó. Ese desorden se materializa en el acto que define su trayectoria: el sacrificio de su hija y la manera en que intenta justificarlo.
Ese vínculo se activa también en el trabajo compartido, en ese punto donde la presencia del otro modifica el sentido. “Al inicio, con Marina, su mirada y su presencia, ya no es ella, la actriz; ya no soy yo, el actor: empieza la ficción”, dijo Estrella. Ese tránsito se rehace continuamente: “como si hubiera que terminar una pintura en el tiempo que dura la representación”.
Desde esa lógica, Singer apuesta por un lenguaje que evita fijar una lectura única y privilegia imágenes sugerentes que permiten al espectador completar lo que ocurre.
La historia parte del regreso de Agamenón tras una década de guerra, acompañado por Casandra, mientras Clitemnestra ha sido relegada al harén.
De Tavira lo resume así: la obra comienza en un tiempo lejano y poco a poco se acerca a un presente reconocible, “un hoy desgarrado por el sistema de la violencia”.
Producida por Incidente Teatro, La niña en el altar se presenta de miércoles a sábado a las 19 horas y domingos a las 18 horas en el teatro El Galeón Abraham Oceransky del Centro Cultural del Bosque (Reforma y Campo Marte). Completan el elenco Emma Dib, Everardo Arzate, Yessica Borroto y Salvador Sánchez. El boleto cuesta 150 pesos y la temporada concluirá el 26 de abril.











