l fiscal de Chihuahua, César Jáuregui Moreno, informó ayer que el titular de la director de la Agencia Estatal de Investigación (AEI), Pedro Oseguera Cervantes, y el oficial de esa corporación Manuel Genaro Méndez Montes, murieron ayer en un accidente vehicular ocurrido entre los municipios serranos de Morelos y Guachochi; en el percance fallecieron además dos instructores estadunidenses cuyos nombres no fueron dados a conocer, adscritos a la representación diplomática de su país en el nuestro. A decir del funcionario, los dos extranjeros “se encontraban haciendo labores de entrenamiento”, aunque también afirmó que realizaban “labores contra el crimen organizado”, concretamente, el desmantelamiento de laboratorios clandestinos de fabricación de estupefacientes.
Por su parte, el embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson, tras lamentar las muertes, dijo que el accidente “es un solemne recordatorio de los riesgos que enfrentan los funcionarios mexicanos y estadunidenses dedicados a proteger a nuestras comunidades”.
La información proporcionada abre interrogantes que demandan una explicación exhaustiva de las autoridades. En primer lugar, es obligado preguntarse si personal de la embajada estadunidense está facultada para participar de manera directa en operativos tan manifiestamente riesgosos como lo es la búsqueda y el desmantelamiento de los llamados narcolaboratorios. Hasta donde se sabe, la cooperación establecida con el gobierno del país vecino debe limitarse al intercambio de información y a labores de capacitación que, se entiende, no deben llevarse a cabo en escenarios en los que existe la posibilidad de una confrontación real.
Bajo estos lineamientos se realizó, en febrero pasado, en Jalisco, el operativo en el que resultaron heridos y capturados Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, y varios de sus sicarios; esa acción, que derivó en la muerte del capo del cártel Jalisco Nueva Generación y de varios de sus secuaces, fue realizada íntegramente por elementos de las corporaciones militares y policiales nacionales, las cuales contaron con información proporcionada por dependencias estadunidenses. Aquel episodio –a diferencia de lo ocurrido en Chihuahua el pasado fin de semana– fue un ejemplo de colaboración bilateral en materia de seguridad en el marco del respeto a la soberanía nacional, y así fue reconocido por ambos gobiernos.
Otro aspecto que parece apartarse de lineamientos constitucionales y legales es la colaboración directa, al margen del Ejecutivo federal, entre la embajada estadunidense y un gobierno estatal en materia de seguridad. Como se recordará, en septiembre de 2022 Ken Salazar, predecesor de Johnson en el cargo diplomático, ofreció de manera imprudente asistencia en esa materia al gobierno de Zacatecas, ante lo cual legisladores del partido en el gobierno y de la oposición señalaron la ilegalidad de cualquier acuerdo en ese sentido y el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, sin querer “hacer un escándalo”, según dijo, se limitó a recordar preceptos constitucionales según los cuales la política exterior de México corresponde al Ejecutivo federal (artículo 89) y los gobiernos estatales no pueden celebrar alianzas, tratados o coaliciones con gobiernos extranjeros (artículo 117).
Así pues, si no fue en el marco de un convenio bilateral entre México y Estados Unidos, las labores de “capacitación” –o peor, de participación en acciones directas contra la delincuencia– de los dos estadunidenses fallecidos representarían una peligrosa e irresponsable extralimitación del gobierno de Chihuahua que debe ser puntualmente explicada.
Finalmente, y a la espera de que el gobierno federal aporte su evaluación del hecho comentado, debe evitarse a toda costa la posibilidad de que un solo efectivo policial o militar estadunidense tome parte en acciones contra grupos criminales que conlleven algún grado de riesgo para la vida de tales efectivos; vistas las desbocadas y agresivas tendencias que imperan hoy en la Casa Blanca, una baja propia en territorio mexicano podría desencadenar reacciones sumamente indeseables.











