En el contexto del Día Internacional de la Danza, presentan coreografía del pueblo y sonideros ponen a bailar a miles de guapachosos
Lunes 20 de abril de 2026, p. 7
El Zócalo de la Ciudad de México se convirtió ayer en un gran salón de baile para las miles de personas que se dieron cita para celebrar el Día Internacional de la Danza (29 de abril).
Sin importar el calor ni el sol, los capitalinos gozaron de un baile sonidero, además de una coreografía del pueblo, conformada por bailarines de los diferentes centros culturales como red de Faros, Pilares y centros de baile internacionales de ciudades como Los Ángeles, California.
Desde las 14 horas, Dulce Rocío abrió el espectáculo entre ensayos de los participantes en la coreografía, desde temprano algunos pachucos acudieron al llamado de la música.
El sonido Bongoné y Yeri abrió su espectáculo, con un bailón previo, seguido de la rutina del pueblo, una coreografía de unos 50 bailarines que interpretaron No te puedo olvidar. Después llegaron Las Socias del vinil, que comenzaron a poner sus ritmos, las mujeres del público sacaron a los galanes a gastar la suela. Y los caballeros hicieron lo propio.
Tras la coreografía, el público se agolpó frente al escenario, algunos gritaron el nombre de sus sonideros favoritos y comenzaron a silbar cuando iniciaron. Jorge El Berraco interpretó Baila linda morena.
Y la huaracha se adueñó del centro del país, más que zapatos y tacones, los tenis dejaron la marca.
Posteriormente llegaron Ángel Campos y Lupita La Cigarrita, Sonido Pancho y Sonido Súper Dengue. Bajo el manto de la luna, las parejas se liberaron y se comunicaron por medio de besos y caricias, usando el lenguaje más valioso del ser humano: el amor.
Entre el público se encontraba Juan Cruz, pachuco de toda la vida, con su característico sombrero con pluma de colores, para él, la música es un lenguaje universal.
“Tengo un buen ratito, unos 20 años, a los capitalinos nos gusta el bailongo, somos guapachosos. Con eso se nos van los problemas y las angustias. Sí, tenemos muchas broncas en la ciudad, pero ya en la pista todo se va. Te entregas en cuerpo y alma”, aseguró.
“Salimos con los amigos a echar la pista y no vamos a parar. Me gusta porque las personas ven que la gozamos y nos disfrutamos muchísimo. Eso es lo que hace falta para llevar lo difícil de lo cotidiano.”
Gabriela trajo a su esposo y a su hijo a disfrutar de los sonideros en el corazón de la capital. Ella vino a ver a Jorge El Berraco y se dijo contenta de que el Zócalo se entregue a quienes lo habitan. “Nos enteramos por Facebook y me los traje. Somos de Tepito y ahí el bailongo se lleva en la sangre. Se aprende, sí, pero el ritmo se siente. Allá esto es una manera de hacernos sentir, es nuestra identidad. Y qué chingón que ahora todos los demás pueden gozarlo”, aseguró.
Ricardo y Riz vinieron a gozar el bailongo, el primero nació en Tepito, el segundo en Iztapalapa, los dos bailaron varias canciones frente al asta bandera:
“Venimos a desestresar el cuerpo. El sonidero es todo, desde que era chavito es una forma en que podemos sentirnos sin expresar las palabras. Esto se siente y el corazón es el que te dicta los pasos. Para nosotros es algo que ya tenemos en el corazón, allá en el barrio esto no se aprende, ya lo traes.”
Cuando la noche se apoderó de la capital, la voz de los barrios quedó plasmada en la piel de sus habitantes. El sonidero, la fiesta y el amor los llevan en el corazón.











